Descenso integral del río Alcanadre

shadow

Cinco grandes ríos socavan de norte a sur, como de un zarpazo, las formas de nuestra preciosa Sierra de Guara: el Flumen (nombre redundante donde los haya), el Guatizalema, el Alcanadre, el Balced y el Vero, enumerados de oeste a este.

Todos ellos esconden lugares de indudable belleza que han atraído al hombre desde época prehistórica; atractivo que se ha mantenido hasta la actualidad, convirtiéndolos en destino frecuente de turistas, excursionistas, escaladores, fotógrafos o, simplemente, curiosos y veraneantes con ganas de refrescarse. Son, sin embargo, los aficionados al descenso de cañones y barrancos los afortunados que quizás más disfrutan de sus rincones ocultos, pues en los cinco ríos y en sus cauces tributarios, se concentran gran cantidad de descensos y tramos de gran interés para los deportistas, por su belleza, caudal, carácter deportivo o exigencia física.

Descenso integral del Alcanadre.

Destrepando con cuidado podremos evitar algún rápel.

Ahora bien, si hubiese que elegir, con ojos de barranquista, uno solo de esos ríos, es quizás el río Alcanadre el que se erigiría en protagonista, tanto por su longitud (nace en las faldas de Peña Canciás), como por sus dimensiones y lo majestuoso de los abismos que ha conseguido excavar bajo el Tozal de la Cabeza, que lo hacen merecedor no sólo de un indudable interés natural y paisajístico, sino también deportivo, pues en él se concentran diversos tramos que constituyen por sí solos retos de mayor o menor dureza para los barranquistas. Los descensos conocidos como Gorgas Negras, Barrasil, Peonera Superior y Peonera Inferior, todos ellos descensos de renombre entre los aficionados al barranquismo, no son sino distintos tramos de este mismo río, por no hablar de su también bellísimo afluente principal, el río Mascún.

Bajar ligero

Cada uno de esos cuatro tramos que, para los barranquistas, integran el Alcanadre, suelen ser descendidos por separado: es habitual el descenso conjunto del majestuoso Gorgas Negras, con su continuación natural (aguas abajo de la Chasa de Rodellar), el Barrasil, pudiendo así completar una bonita actividad circular con salida y final en Rodellar; o bien, el también precioso, acuático y lúdico (pero menos exigente física y técnicamente con caudales de estiaje y, por todo ello, a menudo masificado), descenso del barranco de la Peonera Inferior. Mucho más infrecuentes son los grupos que se adentran en el tramo de la Peonera Superior, aguas arriba de aquél, con hermosos rincones sin duda en su excavada garganta con grandes caos de bloques, pero de interés casi exclusivamente paisajístico y, por tanto, menos atractivo para los que buscan algo más de emoción o retos deportivos.

Alcanadre integral.

Los rápeles son escasos y no obligados.

La duración de cada uno de esos descensos, tomándolos con calma y sin mayores pretensiones de velocidad, se estima habitualmente en las guías entre las cinco y las ocho horas para el tramo de Gorgas Negras y Barrasil; unas cuatro horas para la Peonera Superior, y otras cuatro horas para el descenso de la Peonera Inferior. Lo que arrojaría una duración total estimada de entre trece y dieciséis horas de actividad, a las que cabría añadir las casi tres horas de la larga aproximación tradicional desde Rodellar al inicio de Gorgas Negras, y el tramo intermedio de río abierto sin interés que existe entre el final de Barrasil y el inicio de la Peonera Superior, y que supone caminando no menos de una hora. Sin duda, demasiado esfuerzo de actividad para acometer en un solo día su descenso, al menos con la perspectiva, enfoques, material y velocidad del barranquismo ‘habitual’ o cotidiano. Especialmente si tenemos en cuenta que, al terminar el descenso, se hace preciso un largo tiempo en carretera (más de 120 km de carreteras de montaña), para recuperar los vehículos antes de poder pensar en volver a casa a por nuestro bien ganado descanso.

Sin embargo, nadie puede negar que se está viviendo un cambio profundo en la forma de encarar muchos deportes de montaña en los últimos años. En la actualidad, los deportistas experimentados no sólo cuentan a menudo con un entrenamiento cada vez más específico y materiales mucho más modernos y ligeros que antaño, sino que se inclinan de forma más abierta por la filosofía de moverse ‘rápido y ligero’: prescindir de todo material superfluo, asumiendo conscientemente cierto riesgo adicional (el de poder encontrarse con situaciones en las que ese material habría sido útil), a cambio de ganar velocidad y ligereza, con la ventaja, precisamente, de pasar menos tiempo expuestos a los inevitables riesgos objetivos de la montaña. Una filosofía que, nunca está de más recordarlo, no debería en ningún caso ser imitada con ligereza por quienes no tengan amplia experiencia, conocimientos del medio, buena forma física y ciertos recursos.

Descenso integral del Alcanadre.

Progresando entre bloques descomunales.

Esa forma de pensar ha llegado también a la disciplina del descenso de barrancos, por lo que en la actualidad ya puede decirse que un grupo bien entrenado, ágil y con una logística, preparación y materiales adecuados, puede afrontar el descenso integral del río Alcanadre (y de otros grandes ríos de Guara, como el Balcez), en una sola jornada. Así enfocado, disfrutar de los 24 kilómetros de extensión de este río, se convierte en una experiencia tan dura y exigente como recomendable y satisfactoria para aquellos a quienes no les importe cierto sufrimiento, mostrándonos un entorno acuático bellísimo.

En efecto, acometer el descenso con este enfoque permite disfrutar de una manera distinta y muy especial de lo majestuoso de este río. Es sencillamente inolvidable adentrarse en las Gorgas Negras al amanecer, sumergiéndose en las pozas y saltando las cascadas del desfiladero de las marmitas con las primeras luces grises del día. Los grandes caos de bloques ciclópeos de los Bozos de Lañas y los sucesivos estrechos del cañón, una vez que el mismo gira decididamente hacia el este, bajo el Puntal de Tedero, nos harán llegar casi sin darnos cuenta a los grandes caos del Barrasil, quedando aún el aliciente de las gargantas de la Peonera Superior y el maravilloso descenso acuático de la Peonera Inferior.

Descenso integral del Alcanadre

Entre grandes caos de bloques.

No apto para todos

Es cierto, y debe decirse, que este descenso ‘integral’ del Alcanadre presenta diversos tramos sin especial interés deportivo (parte del Barrasil, el tramo existente aguas abajo del puente de Pedruel hasta el inicio de la Peonera Superior; y el tramo final entre los estrechos del Puntillo y la Presa de Bierge), pero no lo es menos que el imprimir al descenso el ritmo ágil que es indispensable, permite pasar por esos tramos sin demasiado tedio, al tiempo que no impide disfrutar de los lugares más espectaculares que nos regala el Alcanadre.

Queda dicho que no es una actividad asequible para todos; pero sin duda es aconsejable para los que se la puedan permitir. Si de dar algún consejo útil se trata, diremos que la realización de este descenso integral exigirá no menos de 11-12 horas, yendo muy ágiles, si bien realizando paradas breves, de unos tres a cinco minutos cada una (salvo una algo más larga al llegar al Puente de Pedruel), en las que nos obligamos a comer alimentos energéticos y potabilizar agua que recogíamos de surgencias o del propio cauce, y que realizábamos sin excepción cada hora. Como ayuda logística, diremos que parece lo más adecuado contar con tres vehículos: uno quedará en Bara (precioso y solitario pueblo donde dormiremos, con una aproximación de apenas 25 minutos hasta la Gorga Negra); otro, lógicamente, al final del descenso, junto a la presa de Bierge, y el tercero en el Puente de Pedruel, en el que podremos tener previsto algo de avituallamiento para no tener que portearlo desde Bara, dejar las cuerdas que puedan sobrarnos a partir de ese momento según consideremos… y finalizar la actividad si vemos que hemos medido mal nuestras fuerzas.

Descenso integral del Alcanadre.

Que nadie se engañe, hay largos tramos de caminar por el río.

El material a llevar será el mínimo indispensable: neopreno, casco y calzado adecuado; comida y cloro para potabilizar el agua, botiquín básico, teléfono móvil, mapa, linterna frontal y una cuerda de doce metros (o 22 m, dependiendo de las instalaciones de rápel que decidamos utilizar) con arnés ligero y descensor, siendo incluso estos últimos elemento prescindibles (aunque no lo aconsejamos), para quien conozca perfectamente el descenso y sus condiciones en ese momento y esté convencido de poder y saber saltar con seguridad las cascadas. Conviene, por último, elegir una fecha en la que el caudal no nos de problemas ni por excesivo, ni por exiguo. Como referencia (sólo como referencia, pues es un valor muy incierto), diremos que nos parece idóneo descenderlo cuando el caudal en la estación de aforo de Peralta (consultable en tiempo real en: www.saihebro.com), esté algo por debajo de los 2 metros cúbicos por segundo (2m3/s).

Datos técnicos

  • Época aconsejable: junio.
  • Longitud: algo menos de 24 km.
  • Desnivel: 350 m. de desnivel aprox.
  • Rápel más alto: 12 o 22 m, según la instalación que se escoja.
Texto y fotos: Alejandro Puyó y David Tresaco

Noticias relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *